Reflexiones desde la Catarata de Gocta

Por: Luis Arista Montoya

“El agua es realmente un elemento transitorio. Es la metamorfosis  ontológica esencial entre el fuego y la tierra. La muerte cotidiana no es la muerte exuberante del fuego que atraviesa el cielo en sus flechas; la muerte cotidiana es la muerte del agua. El agua corre siempre, el agua cae siempre, siempre concluye en su muerte horizontal”

“¿Cómo decir mejor que las cosas, los objetos, las formas, todo el pintoresquismo multicolor de La naturaleza se dispersa y se borra cuando resuena el llamado del elemento? El llamado del agua reclama de algún modo un don tal, un don íntimo. El agua quiere un habitante. Llama como una patria”.

Gaston Bachelard. El Agua y los Sueños

En  los predios  de  la pequeña comunidad de Cocachimba, situada en Ceja de Selva de la Región Amazonas, cae desde lo alto –  a través de 771 metros de longitud, en  dos cascadas seguidas – una lenta y majestuosa catarata de incesante  agua (llamada antes por lo nativos como chorreraza), conocida hoy mundialmente como la Catarata de Gocta, la tercera más alta  del planeta. Actualmente  ícono y destino del turismo ecológico.

Observándola de abajo hacia arriba (y viceversa), gozando de  su refrescante brisa y de  su fluir bronco y  espumoso,  reflexiono  sobre el valor  del agua y sobre el Derecho Humano al Agua que debemos  tener todos los peruanos sin excepción alguna. Discurre y discurre, no cesa de caer. ¿De dónde proviene tanta agua? – vive y muere al mismo tiempo, pasa, transcurre transitoriamente el elemento – ¿A dónde va morir? Viene desde  los cerros y pampas cruzadas  por ríos y puquiales, baja y transita presurosa a través de un inmenso farallón rocoso, para morir horizontalmente en una laguna encantada, desaguando luego hacia el mítico río Utcubamba (afluente del río Marañón, afluente, a su vez, junto con el Huallaga, del Océano Atlántico)

Las aguas de la   catarata de  Gocta, como la de   todos los ríos de la Selva Alta y de los Andes Amazónicos,  terminan en la vertiente oriental, en vez  de ser desviados hacia los sedientos andes occidentales y la larga costa  desértica peruana).

¿Por qué el hombre (dominador de la naturaleza) no aprovecha estas aguas? ¿Por qué tanto desperdicio?  Esta inagotable catarata solo sirve para ser contemplada por turistas.

Su inacabable  fluir conmueve y  hace pensar   (incorrectamente)  que  es una  prueba fehaciente que el Perú no tiene ni tendrá problemas de escasez de agua, porque la tenemos de sobra. Lo que pasa es que el Perú  – a pesar de la creación de la Autoridad Nacional del Agua (ANA) –  se mueve  aún  dentro de un esquema de economía pre-capitalista de desperdicio y despilfarro del agua.

Primero, el agua

Esta catarata que deviene es una metáfora de vida/muerte. En la naturaleza todo cambia  todo deviene como las aguas de un río (o catarata); nada permanece quieto: el ser es y no es al mismo tiempo nos enseñó el viejo filósofo griego Heráclito. No nos bañamos dos veces en el mismo río, porque el agua ya no es la misma, ni nosotros tampoco. Materialmente es un elemento transitorio.  Más que la tierra (a la que riega); más que el aire (al que humedece y nubla con su bruma);  más que el fuego (al que apaga).

El agua es fundamento de vida. Es por eso que el matemático y físico Tales de Mileto – otro sabio griego – la consideraba como el principio primero (arché) de la naturaleza,  por lo que recomendaba cuidarla, adorarla (léase no contaminarla). El agua es sustancia que sostiene la vida en la tierra. La humedad es el principio de todo lo vital (el 70% del cuerpo humano está constituido por agua, de ahí la importancia del derecho al agua potable). Las semillas de todas las plantas son de naturaleza húmeda. La agricultura, como la minería (para remojar, lavar y mezclar minerales) necesita  agua. Es el principio primero para el consumo humano, para el progreso agropecuario y minero.

Es por eso, defender hoy en el Perú  el principio: “Primero el Derecho Humano al Agua”, resulta siendo un  buen punto de partida para una nueva filosofía acerca del valor de los Recursos Hídricos. De ahí la importancia de  la aprobación consensual de la decimotercera política de Estado sobre los recursos hídricos, generada desde el Acuerdo Nacional. En defensa del agua y los alcances de su propiedad y de los límites de su utilización (presentada en Palacio de Gobierno el 15 de agosto del año en curso)

Debemos tomar conciencia que  nuestro país posee el 5% del agua dulce del planeta). Desde el punto de vista de riqueza acuífera somos un país futurible. Pero, desde el presente, una eficiente y  eficaz gestión del agua es perentoria, porque es un  recurso vulnerable. La voluntad política está ya dada; faltan  mejores aplicaciones tecnológicas y normas para su mejor gobernanza.

El consenso del agua logrado tras un año de paciente diálogo y acción comunicativa se sintetiza en lo siguiente:

-         El agua es un patrimonio de la Nación y, al mismo tiempo, un Derecho Humano fundamental.

-         Debe servir para el bien común, teniendo en cuenta que es un  recurso vulnerable. Es decir, el agua como un bien público más que como una mercancía; sobre el cual ninguna persona o entidad pública o privada puede atribuirse la propiedad, colocando una altísima valla a la privatización  de las fuentes y redes.

-         No solo es para el caso del agua dulce. Abarca también el mar como fuente nutricia que no debe contaminarse (teniendo en cuenta que según el Índice Mundial de los Océanos que indica que Nicaragua, Haití y  el Perú son los países de Latinoamérica y el Caribe con peor nota en  cuanto a calidad y sostenibilidad de sus zonas marítimas). Los ríos  ( como los vertederos domiciliarios e industriales)  van ha morir en la mar, pero cuando llegan contaminados causan depredación  y muerte de peces válidos para el consumo humano y para la industria de harina de pescado (anchovetas)

-         Se fortalecerá el Sistema Nacional de Gestión de Recursos Hídricos, su representación interinstitucional y la autonomía administrativa, económica y funcional de la Autoridad  Nacional del Agua (ANA) como ente rector.

-         Se generará  un respeto de los ecosistemas y la interdependencia de los distintos estados del agua y de los componentes del ciclo hidrológico. Por lo que un determinado municipio o región  no podrá vetar el uso macrorregional del curso del agua bajo el criterio de propiedad (feudo) a razón de la localización de la naciente de un  río  o de  la fuente lacustre en determinada jurisdicción.

-         La Cuenca es la unidad de manejo del agua (en el Perú existen  120 cuencas registradas), por lo cual se promocionará  la conformación de Consejos de Recurso Hídricos de Cuenca, sustentados en instrumentos e instancias técnicas que serán refrendados por la Autoridad Nacional del  Agua. Esta administración por cuencas podría ser la base también para una nueva gobernanza  del patrimonio cultural  popular, creando Cuencas  Culturales, puesto que el recurso agua (como elemento material y simbólico) está muy presente en el imaginario creativo comunitario (artesanías, folklore, gastronomía).

-         Esta nueva política de Estado se constituye en   instrumento de solución y de prevención de conflictos socio-ambientales, ya que la mayoría de estos se han generado por una mala gestión del agua, por la ausencia de normas reguladoras del Estado y por la mínima (o nula) participación  de las comunidades aledañas a  los centros mineros o a los grandes proyectos agrícolas. Pues, los “derechos de agua colectivos” determinan el uso comunitario y las condiciones del uso del agua de una o más fuentes… “El agua quiere un habitante. Llama como una patria”, como bien lo expresa el físico y filósofo francés Gastón Bachelard.

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Lima 21 de agosto de 2012