Carta nº 121: Gina López Chávez, una grande del voleibol (14-08-12)

Por Prof. Manuel Yóplac Acosta

Anoche 13 de agosto, en el Coliseo Florentino Ordinola, en un partido vibrante pocas veces visto en Chachapoyas, con puntaje de 27 a 29 en el cuarto set, la selección de volibol de Amazonas, venció por  3 -1 a la selección de la Universidad César Vallejo de Trujillo. Aunque todas las chicas amazonenses jugaron bien, el triunfo se debió básicamente a la destacada participación de Gina López Chávez, quien vino especialmente para reforzarnos.

Hace 10 años, cuando trabajaba como profesor en el colegio de Omia, conocí entre muchas otras niñas, a una muchachita delgadita de 8 años que por la mañana iba a la escuela y por las tardes juntaba o secaba café ahí en la pampita de su humilde casa. A eso de las 5:30 de la tarde en la canchita del Jardín de Infancia se armaban los equipos de voleibol, juntos: niños y adultos, mujeres y varones, a sol por cabeza, se disputaban verdaderos partidos que solían terminar con revancha incluida o cuando ya no se podía divisar la vieja pelota por culpa de la noche.

Doña Yany López, tía de Gina y una de las grandes jugadoras de vóley de Omia – ejemplo vivo de muchas generaciones, armaba los equipos todas las tardes de lunes a viernes pero los domingos la jornada deportiva se ampliaba y era aún más intensa. Por aquellos tiempos Gina era una muchachita flaquita que solo lo hacían jugar de vez en cuando.

Paralelamente en el colegio Antonio Raymondi de Omia, el profesor Silvio Torres y el profe Alcides Inga, entrenaban duro con las selecciones de voleibol para competir en los juegos escolares. Omia ha sido muchas veces campeón provincial, campeón regional e incluso lo ha ganado a las selecciones de Tarapoto y Cajamarca.

Considero que muchos talentos por esa época se han perdido. Pero Gina creció en ese ambiente de fiesta por el vóley ahí en su querida Omia en medio de los rojos cafetales, en medio de las plantas de papaya y caimito, en medio de la música de las chicharras y junto  a grandes jugadoras que seguramente sembraron en su niñez “espíritu de campeona”, “espíritu de grande”; es que en Omia se aprende a amar al vóleibol.

En Omia cuando hay un campeonato de voleibol o fútbol, casi todas las casas se quedan “chunllas” la barra se convierte en un deportista más, no es casual pues que recientemente en el fútbol un equipo pequeño como Omia lo haya eliminado a un equipo grandecito como el “Sachapuyos”.

Así pues creció Gina, junto a su humilde familia y la frescura de su pueblo, pero Gina se hizo grande gracias a que fue captada en Lima y sobre todo cuando llegó a la selección nacional de menores, de seguro   si Gina se hubiese quedado por estos lares, solo sería una chica flaca de 1.86 m. Pero Gina fue rescatada y pulida, pero así como Gina, hay muchos talentos deportivos que se nunca se rescataron, nunca se pulieron porque así está nuestro país, hay más discotecas y bares que centros deportivos. Recientemente se lo ha visto en las Olimpiadas de Londres, solo 17 deportistas de alto nivel representó al Perú, ninguna medalla conseguida, hay que contentarnos con el puesto 25 de Inés Melchor, nuestra maratonista huancaína, salida también casi de las sombras del olvido. He visto por ejemplo potenciales talento en la maratón en las niñas de la Jalca Grande, ¿está el IPD trabajando ya con ellas?.

Gina es pues una casualidad, un talento que no se perdió, una humilde muchachita de 18 años que poco a poco se perfila como la mejor jugadora de voleibol del Perú; desde aquí te decimos sigue adelante, sigue con esa humildad en tu vida, pues así de humilde y grande es tu pueblo, sigue entrenando con paciencia y coraje, no dejes jamás de estudiar, hay un pueblo que te espera, hay una niñez y juventud que te sigue. Gina eres el orgullo de tus padres y tu hermanita a quienes conozco, eres orgullo de Omia, eres orgullo de todo el valle de Guayabamba, eres el orgullo de Amazonas, eres el orgullo del Perú; tu humildad es tu guía, tu estudio la razón y de ese cuerpo esbelto como la planta de papaya queremos seguir gritando: ¡punto para Amazonas!, ¡punto para Perú!

Nota: “chunlla” significa que no hay nadie, que una casa está sin gente.