VIRGENCITA DE ASUNTA

Pastillita para el Alma 11-08-12

Virgencita de Asunta, mamita buena, reina y señora de nuestra tierra, Patrona y madre del Universo.

Ausente en tus brazos y en tu regazo tu Niño Divino, quizás duerme complacido, en el calor de su cuna, sobre un pellejo de borrego y el vaho de un buey y un jumento.

Virgencita idolatrada, tus manitos mostrando las palmas, nos haces sentir que, tolerante, detienes la maldad humana, porque sabes, que en este mundo todo tiene un precio. Que se compra la salud, la alegría, el bienestar, el pan de cada día…, que prospera la envidia y la codicia porque en este tiempo, los hijos matan a sus padres por un puñado de oro que los mancha eternamente.

Virgencita de Asunta, con tu piel blanca y nacarada, con tus ojitos claros y transparentes, míranos siempre con piedad y misericordia, porque somos tu pueblo que te aclama y te ama intensamente.

Tus calles llenas…, tus plazas y avenidas… Cadenas de colores, arcos de triunfo, alfombras de flores.

El tumulto presuroso… Es tu gente que corre para escuchar la santa misa y agradecerte lo que lo regalas con tu bondad infinita.

Que existen rencorosos que al verte soberana, bajarán la vista y apurarán el paso, o en su desventura, harán como no te ven… Que importa…, perdónalos y pide por sus progenitoras, que supieron del dolor del parto, y como se los partió el vientre, para traer al hijo amado, tan igual a tu sufrimiento y alegría trayéndonos al Niño D+os en una mísera chocita de Belén, a la luz de un lucero, en una noche tranquila y llena de estrellas.

Que hay enfermos…, cierto…hay a montones.

Que abundan los pobres, verdad, pero, más se encuentran en las casas donde los sobra todo.

Que hay injusticia, no te preocupes, las leyes las hacen los hombres y las ejecutan mentes claras y serenas, o, también sucias, como sus miserias.

Llora Virgencita por nuestras desventuras y tormentos y que esas lágrimas que caen de tus ojos, bañando tus mejillas, lleguen al suelo y sirvan como riego para que la tierra nos de alimento o se ablande cuando sea depósito de nuestras osamentas.

Mama Asunta, cada año congregas en procesión a toda tu gente que te canta con salmos y canciones, que carga tu anda de caoba y nogal, obra de don Abraham Cachay y luces esplendorosa, ataviada con tus hábitos bordados con piedras y abalorios, pero, se dejan extrañar tus fieles devotas de mis tiempos mozos, con mantillas que cubrían sus cabellos negros como el azabache o rubias como el mushay manto, cargando sus misales de concha de nácar y sus rosarios de perlas. Los caballeros de fina estampa, con sombreros borsalinos o pradillos de paja de Guayaquil, con chalecos y leontinas de oro con libras esterlinas. Personajes de antología, que poquito a poquito se han ido perdiendo en la noche de los tiempos.

Ahora, solo queda como un solitario botón de muestra, aquel personaje clásico, que sigue, en la iglesia de la Mama Asunta, tocando con añoranza su guitarra en las misas, las novenas y las velaciones y por su juventud acumulada y sus dolencias, se deja extrañar detrás del anda, reteniendo o acelerando el paso, aunque , como un gladiador, que desea vencer los años y fiel devoto de la virgen, camina como dice la canción “encorvado como árbol añoso” hasta que el S+ñor lo llame y le diga: Pocoy, Pocoy, ya es tu hora… pero, ojalá sea después de mucho tiempo.

Acá en la gran Lima, esta tarde conversé con las Isabelitas, las Claritas, las Rositas, las Anitas, mujeres piadosas, de mirada serena y fe inquebrantable, que continúan rezando a su Mama Asunta, en la soledad de sus recuerdos y tal vez a sus mentes confundidas, volverán imágenes de esa juventud llena de ilusiones…, recorrerán, en la magia de sus sueños, el camino polvoriento con destino a la Mama Asunta y aunque quieran decir que es de valientes y de la gente elegante y decente, saber esconder nuestras penas y sufrimientos, será imposible, porque difícil es reír cuando el corazón llora y no se puede ocultar el amor que une a todos, cuando en nuestro pecho hay un volcán con esa llama viviente que alimentan nuestra fe, nuestros recuerdos y nuestras creencias.

Mama Asunta, Mama Asunta, en nombre de tus fieles devotos que están en los cielos, mis dos madrecitas queridas y mi viejito, desde mi lejanía, te ruego, que intercedas ante D+os para que nuestra tierra vaya adelante y prospere y su gente siga siendo un remedo de los miles que en nuestro destierro te añoramos en el suspiro imperceptible de la ausencia.

Jorge REINA Noriega

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