LOS POBRES,… QUE SON DISCRIMINADOS

    Pastillita para el Alma 30 – 06 -12En esos rinconcitos de nuestras múltiples hondonadas, hay una mísera chocita, con paredes de carrizo y magueyes, con techo de paja y un piso de tierra apelmazada con lágrimas, agua y orines. Allí sentada en un poyo de la cocina, ha pasado la noche en vela, la china María Albertina,… una mujercita de apenas 17 años, que sostiene en su falda y entre sus brazos, a un pequeñito de 1 año, que al filo de la noche, en el momento cuando empiezan a tintinear las primeras estrellitas y va apareciendo la luz tenue de la luna en el firmamento, ha sido picado por un alacrán, que el cholo Robustiano alcanzó a aplastarlo bajo sus llanques. Pobre criaturita, pobre angelito, llora insistentemente, vuela en fiebre y suda copiosamente. Los senos duros y tumefactos de su madre, no son suficientes para apaciguar el llanto del pobrecito, que se retuerce de dolor y ni la enjundia de gallina, ni los parches de penca sábila, logran que calme el dolor de su piernita, que se ha vuelto gruesa, como camote… y roja, como tomate.

María Albertina y Robustiano, dos mozalbetes menores de veinte años, que procrearon un hijo, que no esperaban,… se miran perplejos y entienden en forma práctica como tan rápido, cambia la felicidad en tristeza, la tranquilidad en angustia… alzan su vista al cielo, a la luz de un candil con aceite de igrilla y piden clemencia.

Van pasando las horas y a través de los carrizos, los rayos del sol empiezan a calentar la chocita y al canto del gallo y al trinar de los jilgueros y gorriones, deciden que es tiempo de ir en busca del señor médico.

Robustiano, agarra unas cuantas pesetas y las esconde debajo de su camisa. María Albertina carga al niño en su lliclla y empiezan a irse cuesta arriba en dirección al pueblo. Difícil la travesía, larga y tediosa. La grama humedecida con la escarcha del amanecer, hace también que las piedras sean resbaladizas. Pero no es momento de lamentaciones. El tiempo apremia y su hijo está en peligro.

Llegan al pueblo, que empieza a despertar con olor a café cernido en bolsa y en las puertas de las tiendas, algunos riegan la acera para que no se levante el polvo cuando barren con escobas de retama y de chishka.

Las campanas de la Iglesia llaman a misa de 6 y ahí está, con su portada abierta, ávida de recibir a los que tienen fe, a los que creen en D+os, a los humildes que saben, que es el único lugar, donde en un rincón del templo, Diosito va a escuchar sus súplicas. Se aproximan temerosos y los dos méndigos, que como centinelas flanquean la entrada, los miran recelosos,… ellos son expertos analistas de la condición económica de los feligreses y reparan que María Albertina y Robustiano, no tienen nada que dar, excepto su pobreza y su miseria humana.

“Tayta D+os, tayta Amito, cura a mi hijito, Déjalo chivatear con sus pies calatos, pero no dejeste que se muera”.

Un sacerdote con sotana negra, con voz afable, les dice:

“Por qué lloran hijos míos”

“Tayta curita, a mi hijito lo ha hecho daño el alacrán y se va a morir”

“Tengan paciencia hijos. Esperen un poco que abran la Posta y vayan al Doctor para que lo revise, mientras tanto pídanle al S+ñor para que lo cure”

Allá fueron a la Posta Médica, una casa de un piso, con paredes blancas y techo de calamina, con una banquita de madera en el corredor. Se paran en la puerta, esperando ser los primeros en ser atendidos.

El tiempo pasa. Las 9 de la mañana, aparece una señora, con mandil verde, regordeta, con mal genio, que ordena que se hagan a un lado, porque primero ingresan los niños que están en ayunas y van a ser vacunados.

Robustiano protesta, llora, grita. Pide que lo atiendan porque su hijito se está muriendo.

Una voz ronca de un hombre con mandil blanco, medio azambado, ligeramente calvo, con un estetoscopio en el cuello, dice

“Que tanto barullo, que quieres? Porque gritas???”

“Doctorcito, por lo que más quiera, cureste a mi hijito, lua picao un alacrán”

“Espera un momento,… no tienes paciencia?,… tanto alboroto por una picadura de alacrán”

Los dos padres derrotados ante la inclemencia, ante el rechazo de esas almas duras y dominantes, que los clavan su aguijón con palabras ásperas, altivas e hirientes,… miran al cielo y se preguntan ¿De qué laya has hecho D+os a algunas personas, que nos humillan, no nos tienen compasión, nos maltratan? ¿Acaso no es cierto que en la caridad de los hombres, está encarnado D+os? ¿Crees qué no recuerdo que curaste al leproso, diste agua al sediento, te compadeciste de nosotros, los pobres? ¿No eres acaso, el Cr+sto que nos llama, nos bendice, nos cuida, nos protege entre sus brazos?…

El tiempo pasa inmisericorde. La una de la tarde. Pobre criaturita de tanto gritar, ya no llora, solo gime y respira con dificultad, como si tendría hambre de aire, y así poquito a poquito, volteando sus ojitos, y con una convulsión violenta, ese pedacito de hombre, dio su último suspiro, ante el grito desesperado de María Albertina y la impotencia de Robustiano, que venciendo obstáculos, ingresa violentamente al lugar donde se encuentra el médico, lo pone en su mesa, grita, vocifera, quiere agredir a ese personaje que lo negó su auxilio, pero choca con la fuerza de los vigilantes, que lo sacan a empujones y todos escuchan, que el hombre con mandil blanco, dice: “Saquen a este indio imbécil, que trajo a su hijo tarde y cuando ya no había nada que hacer,… qué cosa cree… qué soy mago???”

Ellos con su tragedia… con su dolor del alma… con su desgracia a cuestas…

¿Qué pasó?… ¿Maldad Humana?… Incomprensión?… Solo… ¡¡¡Discriminación!!!

Aunque parezca mentira existen grupos que aparecen dentro de la sociedad humana como “No incorporados”, personajes que se hallan discriminados, aislados, en una posición de subordinación permanente, maltratados, por su posición económica, por el color de su piel, por su educación, por su lenguaje, pero fundamentalmente por su “pobreza” monetaria, estos grupos son privados de sus derechos fundamentales, como es la salud, la educación, entre otros.

En nuestro medio resalta, entre varios, en forma escandalosa, la discriminación que se ve en los ancianos, en los enfermos, en los pobres.

Avergüenza como los viejos son maltratados con sueldos miserables que les pagan por su jubilación y más todavía cuando ellos tienen que hacer cola en la intemperie y sufren vejaciones por un empavonado empleado estatal, que no piensa que algún día será viejo.

Los enfermos, casi en todas las formas, también sufren discriminación, especialmente, cuando llegan a los hospitales para ser atendidos por estar asegurados o acogiéndose a las leyes del Sistema Integral de Salud, donde muchas veces no se respetan sus derechos, o los profesionales probos no tienen los medios adecuados como atenderlos en forma eficiente.

Pero los verdaderamente marginados son los pobres. Aquellos señalados por el Destino. Personas que muchas veces buscan trabajo y no encuentran,… aquellos que no piden limosna, sino una forma decente de vivir para llevar un pan a sus seres queridos,… aquellos que tocan puertas en vano,… aquellos a los que nadie los escucha.

También hay discriminación por nuestra raza, por nuestro origen, sin embargo… el cholo, el indio, el negro, el motoso “con plata” obtenida en cualquier forma, hace valer su dinero y entonces comprendemos, cuánta razón tenía don Francisco de Quevedo y Villegas en su poema “Poderoso Señor es don Dinero”, ante el cual sucumben casi la mayoría de los endiosados y donde el rico y el pordiosero son iguales.

Probablemente, aquel que es víctima de penas y dolores, necesita más amor, que el dichoso.

Por eso, brindemos palabras de consuelo al que arrastra su cruz y pongamos nuestro hombro para ayudar su pesada carga, conscientes que mañana el destino nos dará tanto o igual sufrimiento y también tendremos necesidad de recibir apoyo, porque los que siembran ventarrones cosechan tempestades,… los que siembran amor cosechan bendiciones.

Jorge REINA Noriega
“AYÚDAME A AYUDAR”
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