Pastillita para el Alma 23-06-12
Inmóvil. Taciturno. Melancólico. Solitario.
Sin muestra de dolor en tu rostro. Sin bajar tu mirada perdida.
Ellos,… desean tu muerte.
Tú, eres desafiante, rebelde como los Apus, que esconde el monte. No podrán doblegarte. Caerá de ti como charco el líquido de tus venas y sentirás todo el dolor, de tus dolores.
No habrá súplicas. No habrá lamentos, aunque tu cuerpo sea descuartizado o tus huesos rotos.
Quisieron invadir tus tierras. Despojarte de tus pagos. Rozar tus árboles y espantar tu fauna. Pero, saltó airoso el indio, vociferante y sin miedo. Goteando tu sangre.
Fieramente peleando, sin rendirte, sin saber claudicar, sin dar marcha atrás.
Sabes que tus palabras no se escuchan. No valen tus reclamos. No hay a quien te quejes.
Para los pobres del campo, de los olvidados, no hay autoridad que los oiga.
La Curva del Diablo, se tiñó de rojo, con tu sangre…
Del barro arcilloso, mezcla de tu sufrimiento, se harán hostias, dignas, diáfanas.
El cáliz de tu cuerpo, en santa comunión, se ofrecerá a la gloria.
El sacrificio vivo que se inmola, que se perenniza, por el porvenir de tus hijos y de tu raza.
El rugido del Marañón será tu responso. No lograrán humillarte.
Son tus agallas, hombre awajum, que resplandecen, que se muestran altivas.
Agallas pujantes, en todos los credos, en todo el esplendor, de tu justa rebeldía.
¡Y qué rebeldía! Rebeldía aborigen, amazonense, combinación de muerte, sin gemidos.
Grito de esperanza. Voz de trueno que retumba y anuncia, glorias venideras.
Resurrección viva, de muertos,… que no son muertos.
Hombres hechos dioses, que claman igualdad de derechos y oportunidades.
Yo te respeto… Yo te admiro… Te brindo mi pleitesía,… hermano awajum.
Grita y brama, hombre sin miedo, que no son las heridas de tu carne, las que te duelen.
Son los dolores del alma, que no se escuchan y se pierden en la espesura de la selva,…
en la brisa del río, en el rugido del trueno, en el ulular del viento.
Perdona, que lejos, aquí en la maraña de la urbe, sienta orgullo de verte airoso,… no vencido.
Porque jamás, tu cerviz rodó por el suelo, ni tus rodillas se doblaron, implorantes.
No pudieron convertirte en pasto, amontonado en la borrasca humillante del hombre.
No lograron arrancarte del monte, que te pertenece y será tu sepultura.
Mañana… serás polvo, que sube a las estrellas. Brillarás esplendoroso en el cielo.
Serás ejemplo de dignidad, que no sucumbe. Paradigma de amor a la tierra.
Jorge REINA Noriega
“AYÚDAME A AYUDAR”



