EL AMIGO AUSENTE… ARIEL HERRERA TUESTA

Pastillita para el Alma 14-06-12

En ese Chachapoyas, que siempre llevamos dentro de nuestros corazones, han existido personajes maravillosos que han marcado, con su actitud y comportamiento, una etapa imborrable, en nuestros recuerdos.

No tengo derecho de opinar cual fue la época de oro de nuestra tierra, porque no conozco a cabalidad las diferentes facetas del quehacer de nuestros paisanos en el campo de la economía, del conocimiento, de la educación, del turismo, el arte, el comercio, la industria, la ganadería, la agricultura, etc, pero si puedo, audazmente, comentar muy brevemente, la trayectoria de personas que hicieron de la Amistad un culto, una pócima divina, que perdura a través del tiempo y cuyos ecos repercuten indesmayables en un rincón de nuestros corazones.

No deseo mencionarles por sus nombres de pila a todos los grandes amigos del ayer, debido al número de ellos y también por el temor de no recordar a todos y pecar de olvidadizo o descortés. Sin embargo, para muchos los que ahora vivimos en la gran urbe, siempre permanecerá latente la elegancia, la sonrisa, la palabra amable del Baracho…, la entrega sin tapujos del Fashin, quien fue nuestro maestro,  que nos marcó la senda de la disciplina y el orden, de aquel hermano mayor, que en la fecha del 6 de junio, su voz de mando era la expresión de patriotismo, de líder y caudillo. El Fashin y el Pollo son personajes emblemáticos que en las aulas del viejo San Juan dieron cátedra de hombres de bien y formaron generaciones que hacen grande la Patria chica y que ahora los buscamos incansablemente en esos recovecos de un rincón del alma. Deseo mencionar vagamente a esos amigos hasta la muerte, sin condicionamientos, como,  el Cajalín, el Manco, el Taranguicho, el León de Belén, el Calambritos, el Cholo, el Shanga, el Chusho, el Muncha, el Chachita, el Fity, el Shoila, el Turbacho, el Mote, el Shelico, el Pocoy, el Sapo, el Cabeza de clavo, el Chalaco, el Ñato, el Puchico, el Jacoibo, el Viejo – tratando siempre y sin éxito, de sacarme la vuelta, aprovechando mi ausencia-, el Muerto, el Flaco, el Trancacho,  el Jebe líquido … muchos de ellos, que ya hicieron su viaje sin retorno y los pocos que quedan, son la muestra viviente de lo que significa ser amigos sin intereses,… sin hipocresías.

Decenas de ellos, hombres y mujeres,  que podría seguir mencionando, pero no hay palabras para describir bondades y cualidades de los que son y fueron embajadores del cariño y afecto, de la gente que nació y vive, bajo nuestro cielo azul y a la sombra del Pumaurco.

Como muestra de esta pléyade de prohombres que sin ambages y condicionamientos te regala su amistad a raudales, ahora permanece incólume, la figura carismática e inigualable de mi compadre Borracho. Para él, en su carácter, el tiempo no se ha ido…, los títulos, las glorias y el resultado económico de sus logros de  ninguna manera han cambiado su comportamiento, al contrario la suma inevitable de los años que cambiaron su cabello con hilos de plata, que marcó su rostro con arrugas del tiempo, han hecho que en el brillo de sus ojos se acentúe el afecto a los amigos que lo visitan y lo recuerdan,… Tu compadre Rata, aunque ya no es como antes, al fin y al cabo,  siento que igual seguirá este afecto, tal vez en nuestros hijos y nietos… Qué diferencia y que pena, de aquellos amigos entre comillas, los que compartimos la misma carpeta, los depositarios de miles de emociones, los que sellamos  nuestra amistad en un juramento de protección y socorro, que ahora con aires de grandes señores, siguen escondiendo su pobreza moral con egoísmos y falsas sonrisas, y con palabras disonantes que duelen y rascan, echan por los suelos esa amistad de años,… que capaz nunca existió en ellos.

Por eso, nadie habrá como el Amigo Ausente, aquel que ahora duerme en la paz de un nicho frío en el Cementerio, entre el aroma de azucenas y jazmines. Ese amigo y hermano que supo robarnos nuestro corazón entero. El personaje de antología, que con la belleza de su arte encandiló a propios y extraños. El maestro, el deportista, el artista, pero sobre todo el amigo. Amigo con letras mayúsculas. Amigo del rico, del pobre, del hombre con corbata, del campesino con poncho, de aquel con elegantes zapatos y botines o del que usa ojotas o llanques. En fin amigo de todos. Un gran esposo, un gran hijo, un gran hermano, un gran padre, un ejemplo de sus cientos de alumnos de los pueblitos humildes o de los centros escolares de la Fidelísima ciudad de Chachapoyas o de sus muchos colegas del magisterio.

Tu Ariel Herrera Tuesta, eres el Amigo Ausente.

Tal vez nunca escribí de ti compadre… Siempre me resistí a saberte muerto… Era difícil entender que con tu acordeón a cuestas y con tu trompeta en los brazos, te habías ido, sin una despedida, sin avisarnos siquiera, para de esa forma, tratar de entender la tristeza de tu ausencia.

Recuerdo de mis años de estudiante, de mis vacaciones universitarias. De la alegría de estar en Chachapoyas, entre mis amigos y hermanos, donde siempre eras la figura central. Viene a mi memoria, el puntero derecho de nuestro Club Higos Urco, corriendo con ganas en la cancha de Belén y haciendo un gol al Sachapuyos, club de donde habías venido, para rabia de tu hermano Rodo, del Edo y del Defina. Cómo olvidar, las ciento de serenatas en que cargábamos tu acordeón Paolo Soprani, desde las 3 Esquinas y a la luz de la luna y en el silencio de nuestras noches, recorríamos casi todas las calles de la ciudad. Seguro que en cada pared de las que todavía existen, están impregnados los acordes de tus entregas musicales…, ese llanto lastimero que pide amor o perdón, o la alegría del bandoneón que en sus notas sonoras expresaban el triunfo de un amorcito corazón.

Tuve oportunidad, ahora en estos días, de concurrir al museo de Santa Ana, allí en la plazuela del mismo nombre, muy cerca de la Escuela Normal de tus años mozos, para escuchar un homenaje con acordeones a tu persona,  que hacían tus hermanos Rodomiro y Francisco y al parecer un sobrino tuyo apellidado, -cuando no-, Herrera. Magníficas sus interpretaciones que arrancaron aplausos a la concurrencia. Interpretaron valses, boleros y marineras con fuga de huayno. Tuve oportunidad de decirles que les felicitaba, pero, que tú fuiste, el que en tus tiempos, nos diste alegría y sentimiento a raudales, que ahora añoramos.

Ayer no más estaba en la Plaza de Armas y con tanta nostalgia miraba cauteloso los balcones que siguen siendo verdes del local del Club Higos Urco. Me imaginaba verte al embrujo de una lámpara Petro Max, cuando ya era toda una realidad la Orquesta de los Hermanos Herrera. Te miraba con tu saco granate y rompiendo esquemas pasearte tocando tu trompeta, por todo el salón, transmitiendo alegría entre los asistentes, a los acordes de La múcura está en el suelo, Ave María Lola o Que rico el mambo, entre otras.

No había nadie como tu Ariel Herrera Tuesta. Fuiste encargado de nuestros secretos, de nuestras promesas de estudiante y fiel depositario de nuestra confianza.

Hermano Ariel, compadre y amigo… como despedida debo decirte, qué me detuve en un aparte del camino, allá en nuestra tierra bendita y en las ventanas entreabiertas del balcón de mi casa, te miré distante, casi perdido en el hondo abismo del olvido, pero,…  bastó el milagro de las notas de un acordeón, la noche iluminada con la luna, el cielo tachonado de estrellas,  el camino verde de mi esperanza, para volver a verte en toda la dimensión de tu amistad y también entender el fugaz retorno hacia la vida desde la muerte y en un gemido de dicha o pena incomprendida, volver a sentir las suaves y tiernas cadencias de tu bandoneón y saber que no has muerto…, vives permanentemente en nuestros recuerdos, … o, quizás…, preguntar a nuestro Creador, en una plegaria de angustia, como Amado Nervo:

                        ¿Oh, Padre de los vivos, adónde van los muertos,

                        Adónde van los muertos, S+ñor,… adónde van?

 

Jorge REINA Noriega
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