La épica de Higos Urco – Batallas pendientes

Luis Arista Montoya

Una vez más la rememoración acoge a la población amazonense, tanto como la celebración de la épica  Batalla Higos Urco; retornan los himnos, los solemnes rostros de autoridades civiles, militares  y del respetable; los tacha chín, tacha chán de bandas, con marchas marciales de soldados y colegiales; todo el ambiente aderezado con izamientos de banderas y discursos rimbombantes con  retórica inflamada de promesas, como año tras año.

Esta reminiscencia me pilla en  – como dicen en España – muy lejos de Chachapoyas, en Barcelona, hermosa ciudad mediterránea. Este escribidor plantea algunas reflexiones desde el departamento de su hija Adriana (próxima a casarse aquí con Rodney Ballantine, joven irlandés), situado en la calle Del Mar del tradicional barrio catalán de la Barceloneta, antiguo puerto mediterráneo del cual salieron hacia el puerto de Cádiz (Puerto de Palos) para luego partir hacia el Perú, muchos pescadores convocados por el trejo y ambicioso analfabeto Francisco Pizarro. Algunos de este contingente llegaron a Piura, Tumbes, Cajamarca y Amazonas.

Con el descubrimiento, instalación y colonización española el Viejo Perú vio perdido su proyecto de unidad que se iba gestando a través de la mediación del autoritario imperio del Tawantinsuyo. La presencia española en ceja de selva fue para buscar caminos de acceso hacia el mítico El Dorado (los posibles yacimientos de oro, sucede aún ahora con las mineras). Es por eso que Chachapoyas se funda como ciudad-acceso, ciudad-puente entre la selva y el poncho pétreo de los andes, para luego conectar con la costa (sobre todo con la capital,  Lima, ciudad de acceso al mar para que les sea más fácil huir, en caso de revuelta indígena generalizada; los españoles no fueron tontos ni confiados, tenían tanto miedo como ambición, fueron hombres de puertos marítimos).

Desde los meses previos al 6 y 7 de junio de 1821, la población chachapoyana (criollos, mestizos e indígenas) se reunían secretamente en casas – so pretexto de conversar, jugar o merendar – para conspirar y organizarse frente al poder español colonial; es por eso que se adhirió rápidamente a la Junta de Gobierno de Trujillo, que estaba en plena efervescencia emancipadora.

La participación de las mujeres chachapoyanas fue clave. Matiaza Rimache y sus huestes, prepararon  ají molido y ceniza para irritar ojos, bocas y otros orificios de soldados españoles, previamente engañados con zalamerías y caricias falsas. Cayeron en el cuento los enemigos. Gritando huyeron y detrás los jóvenes les hicieron correr a pedradas, a  fogonazos de pólvora. Las encopetadas damas donaron joyas y otros enseres para contar con dinero a  favor de la causa liberadora. Fueron dos días de  resistencia y lucha, para terminar expulsando a los arrechos barbudos.

Ese rebelde ADN de esas antiguas mamachas está presente en los genes de las actuales mujeres chachapoyanas. Es por eso que ellas ganan a los hombres: en valor, en trabajo, en decisión. Sueño con que ellas ejerzan poder algún día. Así mejorará la administración de la cosa pública: con más honestidad, sin corrupción.

Sí, logramos expulsar en aquel junio emancipador a los invasores españoles. Pero, no así a su cultura. Hemos incorporado a nuestro carácter lo que nos trajeron: está incorporado en la arquitectura de nuestro Centro Histórico (que debemos cuidar que no se deteriore, por culpa de la pátina del tiempo  y de los patanes); está también  en sus iglesias y la fe de la gente en El amito; en la comida, especialmente en los panes de trigo (la exquisita cemita), empanadas, suspiros y otros illitos; tanto como ellos se llevaron, adoptaron y adaptaron: como el maíz, frejoles y ajíes (olvidando que picaron y repicaron durante  la jornada de Higos Urco); las frutas como la chirimoya ñupo, el pepino rojo y las piñas; así como las almendras de Chachapoyas, es decir los pajuros.

La cultura culinaria y gastronómica  de nuestro pueblo tiene raíces   campesinas tanto como hispánicas. Es mestiza por antonomasia. Merece un mejor rango. Bueno, hay tanto que nos hermana al uno y otro lado del Atlántico que merece inventariarlo y estudiarlo.

Ese mestizaje es antropológico. Se ve en el rostro de sus gentes, sobre todo en el de sus hermosas y bondadosas mujeres. Majas, como dice aquí en Barcelona. Se quedó  chico José María Arguedas al decir que los peruanos (los amazonenses incluidos) somos de  “todas las sangres”. Pues, también somos  de todas las neuronas, hormonas, óvulos y epermatozoides. Esa diversidad y multiculturalidad nos caracteriza, no hace ricos, siempre y cuando establezcamos lazos permanentes de interculturalidad, basada en una acción comunicativa dialógica.

Y así como en Cataluña  el gobierno autonómico regional (La Generalitad) rinde cuentas a su pueblo en su día nacional, propongo que el 7 de junio el Presidente del   Gobierno Regional de Amazonas, pronuncie públicamente el Discurso del estado de la Región, haciendo  balance y  liquidación de sus obras, y proponiendo metas razonables hacia el futuro. El 7 de junio debe constituirse en nuestro DIA REGIONAL. ¿Será posible? Creo que sí, o talvez.

—PEZpuntes… Barcelona, 6 de junio de 2012. Miércoles, hora 11 p.m