Por: Luis Arista Montoya.
¿Así como existen personas alegres, también existen pueblos alegres? ¿La alegría es un sentimiento propio de los individuos y un sentimiento colectivo? Si existen personas alegres es porque también existen personas tristes, por lo tanto ¿también existen pueblos alegres y tristes? ¿El Perú es un país alegre, alegrón triste o entristecido? ¿En cuál de las regiones hay más gente alegre? ¿Los amazonenses somos alegres, o tendemos a decir buenos días tristeza?
Si los grandes problemas que aquejan a nuestro país son: el terrorismo, la corrupción, la inseguridad ciudadana, la pobreza, la desnutrición infantil y la falta de educación e identidad cultural, ¿no es una estupidez y un craso cinismo sentirse alegres? Entonces, ¿debemos estar siempre preocupados y tristes? Se nos ha hecho creer que el Perú como país emergente es el tigre andino. No obstante, casi la mitad de nuestra población de tristes tigres no come trigo porque no alcanza el trigo. Es más, importamos trigo, no lo sembramos.
Dice el diccionario que la alegría es un sentimiento grato y vivo que suele manifestarse con signos exteriores como la risa, gestos, baile, ¡hurras! , ¡trésipipras! o palmas (no necesariamente clasistas, ni apristas). Y así como un determinado miembro de una familia es la alegría de la casa, así también determinados grupos sociales o colectivos suelen ser la alegría del pueblo.“La loca de la Casa”, es una novela alegre de la escritora española Rosa Montero.
La manifestación de alegría -individual o colectiva- es signo claro de una buena o regular salud mental y emocional. Su ausencia puede significar depresión o melancolía. La alegría es un estado de ánimo, un estado mental, un buen talante o manera de ser que tiene que ver con el equilibrio psíquico, la tranquilidad de conciencia y con la armonía cerebral. Más que ser alegre el hombre está alegre (experimenta estados de alegría por razones concretas, como tener trabajo, o sacarse una rifa, por ejemplo). Igual pasa con los pueblos.
Donde prevalecen gentes alegres existen pueblos alegres. Ese estado mental y emocional tiene una base genética y cultural al mismo tiempo. Ciertas personas son alegres por naturaleza o tienden fácilmente a alegrarse debido a la idiosincrasia de su pueblo.
Y como estamos a vísperas de la festividad del RaymiLlacta digo que pueblo que canta y baila es pueblo alegre, aunque también es al revés: canta y baila porque es alegre por naturaleza. ¿Amazonas es una región alegre? ¿Los chachapoyanos somos alegres? ¿O es que tenemos esporádicas alegrías relacionadas solo con fiestas patronales y fiestas folklóricas? Se dice que los chachapoyanos somos menos alegres que los de Luya, Rodríguez de Mendoza, Bagua o los lemichos (expertos en rancheras y pasillos); que los chachapoyanos somos un tanto tristes y hasta pusilánimes. De alguna manera, esta caracterización es cierta. El problema está cómo medir el estado de alegría de la sociedad. Hay que hacer una encuesta. Y es básico indagar para ver si la salud mental y emocional van parejas con los avances de la modernidad. Pues, la alegría de vivir es base para la dicha o lo relativa felicidad; o para ser lo menos infeliz posible.
A propósito, un estudio sobre la situación de la salud mental en el país efectuado por el Instituto Nacional de Salud Mental Honorio Delgado-Hideyo Noguchi revela que la población de Chimbote, Tarapoto y Tumbes es la más alegre del Perú.
La gente de estas ciudades expresaron sentir alegría con más frecuencia en comparación con los habitantes de Ayacucho, Tacna y Puno, quienes manifestaron lo contrario, y además presentan indicadores negativos de salud mental.
Desde la época del boom de la pesquería en los años sesenta del siglo pasado, Chimbote tiene una población de grandes oleadas de migrantes (leer El Zorro de Arriba y el Zorro de Abajo, de José María Arguedas).Tarapoto tiene una población tropical, efusiva en fiestas y un tanto peleja en la vida cotidiana (mi hermano Robico, da fe de ello). Tumbes, sin embargo, es una región atrasada, aunque el turismo playa y las conchas negras han puesto en fá a su gente últimamente.
En cambio, Ayacucho es un pueblo entristecido, dolido y desangrado a causa de la violencia de Sendero Luminoso, basta escuchar sus huainos de lamento. Tacna también tiene fuerte migración, chilena y puneña básicamente, y carga con el dolor del cautiverio y la invasión chilena desde la Guerra del Pacífico (el historiador tacneño Jorge Basadre ausculta esta tristeza en La Vida y la Historia, sus memorias). En la parte altoandina de Puno la pobreza es atroz, en cambio en la parte de selva la vida es promisoria, sobre todo en Sandia donde se da el mejor café orgánico del mundo, el Tunki; sin embargo, durante la fiesta de La Candelaria, la alegría es desbordante.
El problema es el sufrimiento y la penuria, dos factores que atentan contra la buena salud mental y emocional, que producen depresión, bipolaridad, alcoholismo y hasta pueden acarrear locura.
Y ahora que se acerca la más grande celebración folklórica con el RaymiLlacta gocemos de esta fiesta colectiva con un canto épico a la alegría. Aunque sea temporal. Pero que sea solidario, efusivo. Y que esto redunde para que la gente trabaje con alegría después.
Ya en 1785 el filósofo y poeta alemán Federico Schiller escribió su “ODA A LA ALEGRÍA”, en la cual se inspiró el músico Beethoven para crear el Cuarto Movimiento de su Novena Sinfonía; y en 1972 esta oda se convirtió en Himno de la Unión Europea. Un himno a favor de la paz.
Espero que antes, durante y después del RaymiLlacta todos mis paisanos digan: “Alegría beben todos los seres/Del pecho de la naturaleza/Todos los buenos, todos los malvados”. Porque la “alegría es bella chispa divina”… ¡Salud, por Amazonas y su gente!
…PEZpuntes… Lima 30 de mayo de 2012. Luis Arista Montoya



